jueves, 6 de diciembre de 2012

Mami, se me olvidó de nuevo, creo.
Oye, no sabes lo que hizo en mí el haber hablado el lunes las cuatro juntas, que ninguna se haya ido en medio, que hayamos perdurado, perseverado individualmente en nuestro papel dentro de lo que sucede ahora con nosotras. Te amo tanto, mami. Quiero que seamos felices tomando consciencia de lo mismo. Siempre, desde lo antes posible. Tenemos la vida más perfecta que cada una por sí misma puede imaginar. Estamos rodeadas de tanto amor, y de total ausencia de él también, por cierto, pero aun así, es tanto el amor que envuelve y acurruca nuestras vidas que es nuestro deber temprano, primordial, saber que podemos elegir ser felices permanentemente. Somos de las personas que no les falta nada, de hecho tenemos cosas de sobra que justifican nuestra evidente y posicionada felicidad. Deberíamos tener una consciencia tan fuerte de nuestra felicidad que no debería caber como posible algo que generara la duda de la misma. Nos han dado tanto. Y tenemos que hacerlo ahora. Porque, mami, la Tierra tiene pena. Tiene angustia, está asustada. Tiene tanto miedo, y quiere tanto tiempo, tiempo que cree que no le queda, y no sabe qué hacer para dejar de proyectar sus energías hacia ese momento que ella siente que será su fin, donde va a ser un punto inerte en el tiempo, cuando los opuestos ceden a la gravedad del centro y se anulan. Donde no cabe ni hay nada. El Mundo está triste, pero está hermoso. Está tan bonito, tan tierno. Tan tibio. Pero tan afligido. Tiene pánico, ¿qué creerá que le va a pasar? Yo siento que me aprieta desde la garganta, o en realidad la parte baja de la lengua hasta casi el fin del esternón, que me duele y me cuesta un poquito respirar, me frunce la boca, me tuerce las cejas, resultando en una expresión previa a la contracción del llanto. (Cambié a una canción) (Y cambié de nuevo a lo otro porque no puedo escribir mientras escucho letras). Está como de un ánimo melancólico, resignado. A mí me hace sentirlo todo el tiempo, en lo que veo, lo que escucho, lo que percibo en general, cómo se suceden las cosas, quiere decir exactamente que tiene pánico. Pobre Tierra, mamá, ahí es donde pones tus plantitas. La tierra, donde nos sujetamos e instalamos, tiene miedo. Y la hace ver hermosa. Y tengo tanta pena yo también. Me da pena, porque siento que igual hay hartas cosas que sé que podría haber hecho en un supuesto futuro. Pero estoy tranquila, el miedo que tengo no es mío. Es de la Tierra, que tiene tantos hijos que van a caer. Quizás siente que ya se comenzó a morir, ya hay demasiadas cosas que le hacían ser lo que era que ya se esfumaron como para sentirse ella misma. Así que se siente medio muerta. Pobre Tierra, mamá. Me voy a duchar, te amo.