lunes, 15 de octubre de 2012



Hola, mamá. 
Caracterizaciones.
Tengo la duda de si las cosas que veo son en extremo evidentes o no; creo que estoy perdiendo los patrones y acuerdos tácitos sociales que miden qué es información a todas luces y qué no. Siento que estoy en un estado en el que trasciendo, paso de un criterio; el del valor connotativo de las cosas, los comportamientos, las ideas, las formas de hacer y de ser. Estoy en un proceso de análisis introspectivo, pero fuera de mí. Me estoy situando fuera de mí misma, midiendo el efecto de cada cosa aleatoria que provoca algo en alguien sin discriminar en ningún momento en términos de relevancia del más furtivo gesto dentro de una situación global. Es posible que esté dando importancia excesiva a infinitas cosas, pero la verdad es que no me parece. No sé por qué, o sí lo sé, que estoy en lo correcto. Desde el enfoque que le estoy dando, absolutamente todo tiene la misma importancia, porque todo forja de algún modo nuestra forma de hacer las cosas. La manera en que alguien nos pasa la pimienta; desde cómo abordaste el habla después de decidir cuándo abrir la boca para solicitarla, cómo fuiste escuchado en tu demanda, el tiempo que demora, quién responde a tu apelación, la distribución de los comensales en la mesa y cuánto de ellos hay, hasta el momento en que la recibes, la mirada entre el que pasa y el que agarra el pimentero, la decisión con que lo volteas para que empiecen a nevar los granitos o el polvo, y todas esos puntos infinitos de la recta de acontecimientos que están entre los que acabo de rescatar, es un juego de engranajes de cosas nuestras ya determinadas y cosas que desde ese segundo van a dibujar líneas nuevas en nuestro carácter, y por efecto directo, en nuestra personalidad. Como condición inherente en ellas mismas y en el ser humano, todas estas cosas modelan nuestra manera de desenvolvernos, y de hecho, van alimentando nuestro mundo interior, que está en una mutación constante, siempre con hambre. No siento que podría decir que algo es más importante que otro algo; siento que es la complejidad lo que sí se podría comparar. Y la complejidad de una situación que está determinando algo, se mediría con el efecto que tiene en nuestra parte netamente racional, que es la que llega a determinar, sobre bases tanto instintivas como históricas (lo que en concreto sería el aprendizaje; cognitivo, emocional, etc.), qué es importante y qué no. El punto es que en ninguna parte dice que lo que nosotros determinamos como importante y relevante sea también lo más adecuado y que más necesitamos, y tampoco que tenga que haber una relación de dependencia entre la complejidad y la importancia de las cosas. Son dos aspectos de juegan libremente, cada uno a sus anchas; uno siendo externo, por lo tanto inmanejable, como es la complejidad, y el otro un producto de un razonamiento, es decir, interno, como es la importancia que cada uno da a las cosas. Mami, estoy muriendo de sueño, pero siento que tengo una idea sobre lo que sucede cuando alguien entrelaza inoportunamente la importancia y la complejidad de las cosas. Seguramente, hay veces en que absorbemos algo equis, quizás no tan complejo, y respondemos no basándonos en la complejidad del asunto, sino en su importancia. Podría ser respondiésemos exageradamente o en una apatía absoluta que no necesariamente corresponden. De hecho, pasa demasiado. Quizás, el hecho de darle más o menos importancia a las cosas sin apoyarnos en lo complejo de las mismas, crea una malla cada vez más absurda entre nuestros órganos sensoriales y el mundo que hace que nos llegue la información escasa en realismo, o hasta desvirtuada. O puede que se desvirtúe automáticamente al entrar, paupérrima, en contacto con nuestro juicio. Y lo más terrible, un juicio formado a punta de situaciones similares que se han ido dando con el tiempo, por lo tanto, un juicio de argumento bastante falaz. ¿Qué terminamos siendo? 



Te amo, mami. Fue hermosa la vuelta en auto hoy día. Pero HERMOSA. HER-MO-SA. H-E-R-M-O-S-A.

jueves, 11 de octubre de 2012


  • *La ortografía contenida en este escrito es de exclusiva responsabilidad de quien la emite.

    • No fuiste a Calonge, animal.
  • Décima persona que me dice lo mismo
    me siento terrible
    por haberme perdido esa clase
    llegue a las 3 a la U
    y no sé por qué me dio verguenza entrar tan tarde a clases
    y me quedé afuera
    pero la buena noticia es que terminé el maldito trabajo
    estaba en la mediateca y te escuché cuando saliste hablando por el pasilloç
    pero después no te vi
    -entré a la sección prohibida de la mediateca-
  • Uuuuuuuuh, ¿y los discos susurraban que no tenías que estar ahí?
  • jaja, no
    entré con autorización del señor gordito de lentes
  • ¿Con una linterna y tu capa invisible? 
    (¿Por qué no usaba sólo lumus? Qué arcaica la linterna).
  • jaja Bea, tan ñoñita
  • Vo.
    • Terrile ÑOÑO.
    • POLLO.
    • Sorry, estoy dando jugo.
  • jaja
    tenemos que hacer el recuenteo del concurso
    *recuento
  • Cierto.
    • Cuéntame qué hiciste tú smile.
  • Mmm
    ayer fui a clases, después de taller estudié piano 1 hora 
    luego fui a ensayar con mi bandita
     y finalmente llegué a casa a trabajar en lo de la partitura y sibelius
    Hoy no fui a clases y dormí casi toda la mañana pero terminé el trabajo
     y lo entregué
    estuve escuchando musica en la mediateca como una hora
    y después estudié piano de las 5 a las 6
  • Yo ayer
    • espera, ¿qué día es hoy?
  • jaja, jueves
  • Ah, ayer había taller.
    • Verdad.
    • Ayer mi mañana fue absolutamente no productiva, porque cuando me baja la presión no me puedo sostener por mucho rato en pie.
    • Pensaba en no ir a taller pero me sentía mejor, así que fui y luego
    • y luego
    • mmh
    • dskjdn
    • bajé
    • subí
    • a afuera de contrabajo
    • (acabo de pensar que no sé por qué te estoy diciendo lo que hice, porque es obvio que ganaste)
  • pucha Bea no tiene sentido entonces este concurso
  • La verdad es que ayer se me olvidó que lo habíamos empezado
    • hoy día me levanté un cuarto para las siete
    • e imaginé en tiempo real un hermoso amanecer, porque decir que lo vi sería mentir, ya que de mi ventana es imposible, mientras tanto me puse a dibujar en mis cartulinas
    • y no me dieron ganas de dejar de hacerlo hasta como las once, que me fui a duchar para dirigirme a la u, así que claramente, académicamente fui muy irresponsable, pero me siento muy bien por haberlo hecho.
    • Fue una hermosa mañana.
    • Luego, compartí con los niños y niñas, entré a clases después de una cola y medio pito muy apresurados, porque me gusta entrar así a Calonge, en ese estado de absoluta antena. Escuché muy atenta, atrapada por lo jovial, fresco y ágil de su estado. Estaba muy feliz hoy. Aprendí todo lo que dijo, me acuerdo exactamente de cada año y de cada personaje, de cada detalle, porque logré imaginarlo todo como su lo tuviera al frente de los ojos. Cerré los ojos por unos tres o cuatro segundos, y pude sentir el calor en mi cuello, el calor de la calle de la que el relato del profe era el huésped. Luego, me emocionó que compartiera algo tan personal, tan de él, con un grupo de hueones como somos nosotros. Me gustó mucho escuchar a Beethoven siguiendo la partitura. Debí irme rápido a hacer las clases a la Sofi, así que casi no me despedí y partí. La micro se demoró un kilo, pero llegué a las diecisiete treinta y nueve, disculpándome. Fue genial cachar que la Sofi recuerda lo que le dije, y que al menos hay un ademán de hacer lo correcto en todo lo que hicimos. Tomar el violín, recordar las cuerdas al aire, posar el arco, tomarlo, leer un poco. Cómo se coordinaba al separar las intenciones motoras naturales de cada extremidad para seguir el pulso y el acento que yo le indicaba. Cómo asimilaba mejor la información que relacionaba con cosas de su gusto, de su día a día (recordó muy bien la crin; se nota que gusta de los caballos).
  • Me despedí, tomé la 403 de vuelta. Error, porque en Irarrázaval había un taco cerdo. Me bajé en Macul, tomé la 104 a Los Leones, tomé el metro a Rebúlica y llegué a las nueve y media a mi casa.

domingo, 7 de octubre de 2012

La vida es hermosa, es bacán aunque uno cada vez se va dando cuenta de que hay más cosas determinadas. Comenzamos con la Nati (una muy querida amiga) una conversación muy larga a raíz de ver un loco que estaba vendiendo flores y que se tenía que ir muy rápido porque venía un paco caminando. Encontré macabro pensar en todo lo que debe pasar en la vida de ese loco y lo inmutable de su andar, relajado, constante, flagelante. Y era impresionante ver cómo nadie lo mostraba en ese cuadro, en cada momento que sucedía al otro; mucha gente caminando, todos iguales, todo plano, la cantidad de situaciones emocionales que cada uno tiene, y que juntas forman un total no mensurable. Es increíble ver toda esa calma y saber que es tan superficial, tan de comportamientos en ese momento. Estuve pensando y el concepto de ironía es una paradoja, porque por definición, las cosas son irónicas. Si uno dice que algo es irónico por tener argumento y premisa no congruentes, es una redundancia, porque por definición, debe ser así. Todo tiene ambos extremos, desde el enfoque que tomes; dimensiones, temporalidad, onda a niveles micro/macro, antes/después, burdo/puro, bueno/malo, etc. Todo es tan dual e "irónico" como (ésto lo dijo la Nati) dibujar un árbol en un papel. Es como lo que aborda Hesse en sus libros. La dualidad universal es tan dual y universal desde un extremo de las cosas al otro, en cada momento vertical, horizontal, con profundidad y con tiempo.
Por ejemplo, la publicidad es un estudio antropológico; es estudiar al ser humano y encontrar los puntos más débiles de éste para manipularlo desde ahí. Trabajan manejando elementos súper pragmáticos, como luces, colores, disposiciones visuales, cosas netamente sensoriales, para apelar a tu parte más animal. Por ejemplo, Telepizza, con un cartel diseñado fríamente, ataca el instinto básico del hombre que es comer. Ataca al hambre. Si extrapolamos, a la supervivencia.
Entonces, la publicidad hace que tus voluntades, tu energía y tu tiempo se ocupen de cosas burdas, y por lo tanto dejamos de lado lo que sí debiera ocupar nuestra fuerza, que es lo interior, lo puro, lo genuino, más cercano a nuestro espíritu. Ésto lo provocan para dejar desprotegido ese espacio espiritual de cada uno e intentar llenarlo con lo que ellos quieren, pero como nuestro espíritu es intocable, es una asíntota, ese espacio no se llena con lo que no debería (mensajes de la publicidad) porque es perfecto, pero esto no quita que sigamos preocupándonos de lo que la publicidad quiere que nos preocupemos. Eso deriva en seres humanos vacíos, pero ocupados, sin posibilidad de ser llenados con cosas hermosas y genuinas.
Pero también me di cuenta de por qué pasa esto, y es porque lo que necesitamos para tener acceso a ese espacio espiritual de cada uno, es mucho dolor. Tenemos que sufrir mucho, porque perdimos la capacidad de accionar en base a las cosas simples y hermosas ya que ese nivel de nuestra voluntad está ocupado en mierda, entonces nuestro alma se mueve con estímulos más macabros, como situaciones casi de vida o muerte (por ejemplo, un amigo me dijo que sería bacán que le diera cáncer cerebral y eso le hiciera despabilar y hacer las cosas que realmente quiere hacer) entonces incluso en esa situación se ve la dualidad de una acción, que es, asumiendo los poderes de tanto ser individual como de ente dentro de una sociedad, decidir no pasar por ese dolor. Ahí se ven los actos; egoísta de no querer sufrir, la cobardía que nos impide avanzar hasta tener la voluntad lo más cercana posible a tocar nuestro interior, y; el desinterés máximo en no alcanzar nunca finalmente esa espiritualidad tan ansiada, tan hermosa, en función a evitarle al animal puro que somos el dolor, como acto instintivo y natural. Como algo aún no contaminado.

Bueno, eso fue una reflexión que tuve, aún está un poco inmadura. Estoy diciendo que todo lo anterior es por la publicidad porque llegué a darme cuenta de que, efectivamente, nuestra sociedad, la sociedad humana, está hecha en base a ella. No podemos volver a ser puros e inocentes si es que cada vez que logramos serlo, nos da pánico encontrarnos con el mundo en que vivimos. Estamos indefensos, mami. Indefensos. Por eso creamos una coraza, y todos nos rebota, nada nos importa, y por eso lo olvidamos. Nada queda en nuestro corazón, todo se va. O echamos todo, no permitimos a nada aferrarnos a nuestro ser, y nosotros no nos aferramos de nadie. De nada. Por eso, no creemos en Dios, porque queda casi impreso en nuestra naturaleza que no se puede confiar en nadie. Entonces no creemos capaz a alguien de amarnos sin importar qué. En nuestro mundo, éso es imposible. ¿Cómo va a haber un Dios? Alguien que nos ama. Que nos ama en este instante, justo ahora, tal y como somos. Pero me di cuenta de algo, y es que no podemos estar tranquilos, ni abstraernos de la sociedad y comenzar a vivir por nosotros mismos, en el sentido de no tener que aparentar ni proyectar nada a los demás en respuesta a los constantes estímulos que nos rodean, sino que porque es lo natural y hermoso, vivir porque es hermoso vivir, si seguimos pensando que es imposible que alguien ama así. Es que ese quiebre que se tiene que producir en nuestra capacidad de confiar en el amor de Dios (o de tener fe) y no confiar, es profundamente doloroso. Y vivimos evadiendo el momento en que podamos tener fe absoluta, porque será muy doloroso ese paso. Pero es un paso que tenemos que dar solos, en el momento que asumimos que somos parte de un todo. Y tenemos que estar conscientes de que es un paso que nos va a dar mucho trabajo, nos obligará a elegir cada día el amor, porque es un paso eterno.

Mami, te amo con todo mi corazón. Eres una luz en mi camino.