Mami, cachái que me di cuenta de cosas que siempre han sido, desde que tengo razón y por lo mismo las puedo seleccionar entre las muchas cosas que no me agradan o más bien me descolocan en este momento, la niña que soy hoy, y por lo tanto me hacen querer evitarlas, porque siempre han estado ahí y me es fácil rescatarlas de mis turbias y escurridizas memorias, un motivo de incomodidad, una cierta sentencia de que desde el momento en que decides que eso a lo que aludimos no te gusta, sabes que siempre va a ser posible que se presente de alguna forma. Una incertidumbre como un gato que juega y salta por debajo del diafragma y aprieta los pulmones, sí, desde abajo. Que te da un dolorcito de fracciones de segundo, de un solo momento en el pecho, cerca de la bombita. De repente como que reverbera un poco, ¿no?, como que se queda un ratito y se va solo, del mismo modo que llegó y que estuvo en tu pecho. Me di cuenta de que hay cosas que yo no quiero que vuelvan a pasar porque me da miedo el desconcierto y la inacción que voy a experimentar cuando las viva. La Primera Cosa (del día):
Típico que un amigo te cuenta que el fin de semana su familia decidió recordar viejos tiempos y se juntó en plétora y vio a su primo Fialdo. Tú, por nada en especial, de verdad que nada en especial, no quieres saber ni sus orígenes, ni de profesiones de familiares de Fialdo, ni de gente siquiera, no quieres saber nada de nadie, tú, por nada en especial, le preguntas qué es Fialdo exactamente de él/ella. Y él/ella, inocente, ignorante del agobio que está próximo a sufrir su amigo (tú) tras las palabras que él/ella está por dejar partir para siempre..., dice "es eeeeel..., el hijo de mi prima que es vieja, que tiene como cincuenta o más, o una hueá así, y no lo veía hace caleta, loco... jksdnkjsfnv d fs sdf sdf sdf sdf dff fg gfgg...". Y tú, en vez de interrumpirlo/interrumpirla con una talla pésima como "y, ¿la loca es milf?" o algo por el estilo, no puedes pensar en algo que no sea la incongruencia entre dos intervenciones distintas de uno de los interlocutores en este historia. De él/ella. Fialdo nunca ha sido su puto primo. Nunca ha sido tu puto primo. Es tu sobrino de segundo grado. Sí, hueón, sí me dijiste que tienen trece meses de diferencia, pero no tiene absolutamente nada que ver con la edad. Es tan simple decirlo con el nivel de espicificidad correcto. Es tan simple, y tan, creo que inútil. No hay NINGÚN EFECTO en que Fialdo sea su primo o su sobrino de segundo grado. Es tan simple, tan inútil, y tan que me huevea y no me deja vivir en paz, porque la verdad es que no creo posible para mi voluntad lograr trascender a aquellos momentos de incontables cantidades en el día donde existen inconsecuencias entre el habla y la información. Cuando la gente mezcla en su habla y en su expresar semántico conceptos que no se corresponden con sus acepciones. Las imprecisiones y la poca pulcritud que dejan siempre cabida a una interpretación y a un valor potencialmente en absoluto subjetivo. Me agobia mucho el desinterés que existe en la sensación más rigurosa y corporal de las generaciones de una estirpe. Como que se las pasan por muchas partes sucias y a mí me interesa mucho y me gusta, sobretodo, tener una herramienta ideal, hecha de ideas, para ordenar a toda esa gente que te precede y sucede y poder organizar la información. Me gustan los árboles genealógicos, mami.
Me carga. Pero es algo súper personal. Y lo otro, la verdad es que no lo recuerdo.
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