Hola,
mamá.
Caracterizaciones.
Tengo
la duda de si las cosas que veo son en extremo evidentes o no; creo
que estoy perdiendo los patrones y acuerdos tácitos sociales que
miden qué es información a todas luces y qué no. Siento que estoy
en un estado en el que trasciendo, paso de un criterio; el del valor
connotativo de las cosas, los comportamientos, las ideas, las formas
de hacer y de ser. Estoy en un proceso de análisis introspectivo,
pero fuera de mí. Me estoy situando fuera de mí misma, midiendo el
efecto de cada cosa aleatoria que provoca algo en alguien sin
discriminar en ningún momento en términos de relevancia del más
furtivo gesto dentro de una situación global. Es posible que esté
dando importancia excesiva a infinitas cosas, pero la verdad es que
no me parece. No sé por qué, o sí lo sé, que estoy en lo
correcto. Desde el enfoque que le estoy dando, absolutamente todo
tiene la misma importancia, porque todo forja de algún modo nuestra
forma de hacer las cosas. La manera en que alguien nos pasa la
pimienta; desde cómo abordaste el habla después de decidir cuándo
abrir la boca para solicitarla, cómo fuiste escuchado en tu demanda, el tiempo que
demora, quién responde a tu apelación, la distribución de los
comensales en la mesa y cuánto de ellos hay, hasta el momento en que la
recibes, la mirada entre el que pasa y el que agarra el pimentero, la
decisión con que lo volteas para que empiecen a nevar los granitos o
el polvo, y todas esos puntos infinitos de la recta de acontecimientos que están entre
los que acabo de rescatar, es un juego de engranajes de cosas
nuestras ya determinadas y cosas que desde ese segundo van a dibujar
líneas nuevas en nuestro carácter, y por efecto directo, en nuestra
personalidad. Como condición inherente en ellas mismas y en el ser
humano, todas estas cosas modelan nuestra manera de desenvolvernos, y
de hecho, van alimentando nuestro mundo interior, que está en una
mutación constante, siempre con hambre. No siento que podría decir
que algo es más importante que otro algo; siento que es la
complejidad lo que sí se podría comparar. Y la complejidad de una
situación que está determinando algo, se mediría con el efecto que
tiene en nuestra parte netamente racional, que es la que llega a
determinar, sobre bases tanto instintivas como históricas (lo que en
concreto sería el aprendizaje; cognitivo, emocional, etc.), qué es
importante y qué no. El punto es que en ninguna parte dice que lo
que nosotros determinamos como importante y relevante sea también lo más adecuado y que más necesitamos, y tampoco que tenga que haber una relación de
dependencia entre la complejidad y la importancia de las cosas. Son
dos aspectos de juegan libremente, cada uno a sus anchas; uno siendo externo, por lo tanto inmanejable, como es la complejidad, y el otro
un producto de un razonamiento, es decir, interno, como es la
importancia que cada uno da a las cosas. Mami, estoy muriendo de sueño, pero siento que tengo una idea sobre lo que sucede cuando alguien entrelaza inoportunamente la importancia y la complejidad de las cosas. Seguramente, hay veces en que absorbemos algo equis, quizás no tan complejo, y respondemos no basándonos en la complejidad del asunto, sino en su importancia. Podría ser respondiésemos exageradamente o en una apatía absoluta que no necesariamente corresponden. De hecho, pasa demasiado. Quizás, el hecho de darle más o menos importancia a las cosas sin apoyarnos en lo complejo de las mismas, crea una malla cada vez más absurda entre nuestros órganos sensoriales y el mundo que hace que nos llegue la información escasa en realismo, o hasta desvirtuada. O puede que se desvirtúe automáticamente al entrar, paupérrima, en contacto con nuestro juicio. Y lo más terrible, un juicio formado a punta de situaciones similares que se han ido dando con el tiempo, por lo tanto, un juicio de argumento bastante falaz. ¿Qué terminamos siendo?
Te amo, mami. Fue hermosa la vuelta en auto hoy día. Pero HERMOSA. HER-MO-SA. H-E-R-M-O-S-A.
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